Archive for Septiembre, 2010

No man’s land

Nuevo día. Despertamos tarde en Barbás pues el día anterior habíamos decidido quedarnos un día más, pero el cambio de opinión es la tónica habitual y desmontamos la tienda para salir pitando a la frontera ya que cierran a las 3 (es Ramadán). Al llegar uno ya intenta anticiparse a lo que se le viene encima, en el fondo no es más que tiempo y un poco de desesperación por la lentitud con la que las autoridades marroquíes trabajan. Es una opinión personal, pero no se puede estar así a estas alturas de siglo, sobre todo no cuando en zona mauritana todo es mucho más ágil. La mañana va pasando: colas, discusiones, gente que constantemente se salta la cola y risas que se escuchan venir desde dentro de la oficina que nos hacen intuir que más de un dirham se está moviendo de mano en mano. Finalmente pasamos y se inicia otra de las aventuras que esperábamos en este viaje. Julio y Jesulín conocen a una persona que se dedica a comerciar con coches y se ofrece amablemente para guiarnos por No man’s land, un pedazo de tierra de una longitud de ubnos 4 kiloómetros que no pertenece a nadie y donde ver coches de primeras marcas abandonados es tan habitual como ver trapichear con ellos. Con no cierta dificultad cruzamos el páramo, dejando detrás a nuestro guía que tiene que dejar su Mercedes atascado por haber elegido el mal camino. Le deseamos suerte después de haber intentado con él sacar su coche y proseguimos hacia la frontera mauritana. Papeleos y más papeleos, Gente que nos pide dinero por arreglar nuestros papeles, pero finalmente no pagamos más que lo estipulado: 15€ en concepto de seguro y estamos en Mauritania. Nos dirigimos rápidamente hacia Nouadhibou donde encontramos fácilmente el cámping Chez Abba en el que pernoctamos después de una cena abundante que nos sienta de maravilla.

L’esprit du chameau:

Dejamos atrás Dakhla para emprender una nueva jornada, una nueva aventura. Nos acompaña el espíritu del camello, aquel que días atrás encontramos muerto en nuestro camino y del que recogimos algún hueso. Aparentemente nada impide que en unas pocas horas lleguemos a Nouadibou, primera ciudad mauritana que nos encontraremos. Todo dispuesto, partimos…
A 80 kilómetros en dirección sur encontramos una caravana de camiones y coches parados, según las primeras informaciones el día anterior había llovido tanto que un caudal de agua ha destrozado la carretera, alrededor de 50 metros de carretera han desaparecido aguas abajo, no hay nada que hacer pues llevan desde las 4 del día anterior parados. Un contratiempo más, pero afortunadamente el día anterior habíamos decidido cambiar las ruedas por otras de tacos que Kybuengo había transportado durante más de 1500 kilómetros. Después de más de una hora de espera, momento que aprovechamos también para conocer a un par de simpáticos senegaleses que suelen hacer esta ruta, decidimos aventurarnos al ver que un Mercedes había conseguido vadear el pequeño río que se ha formado. Julio toma el volante, Jesulín y Jesule esperan atentos la reacción de Kybuengo y con más facilidad de lo esperado Kybuengo devora el terreno y ya nos espera 100 metros más allá, cruzamos a pie y proseguimos con nuestro viaje. El aire corre fresco y el cielo está nublado, pero el sol ha hecho su efecto en este rato. De nuevo un contratiempo, nos quedamos sin gasolina. El ramadán hace que justo en la anterior gasolinera, donde íbamos a repostar y llenar nuestros bidones nadie nos atienda. No está en verdad cerrada, el gasolinero dormita y simplemente nos repite “ça marche pas, ça marche pas. En panne, en panne…” No hay nada que hacer, no quiere mover ni un dedo. Esperamos que l’esprit du chameau haga su efecto y que alguno de los que quedaron atrás parados hayan pasado y quiera remolcarnos. Las amigas francesas también venían atrás, junto con algunos alemanes que también eligieron septiembre para hacer la ruta. Finalmente llegan las chicas, es lo que hace que sea la única ruta que atraviesa áfrica por el oeste, que te vas encontrando con gente más o menos conocida durante todo el trayecto. Jesulín se había adelantado en otro coche para llegar a la gasolinera más cercana y así traer de vuelta uno de los bidones llenos. En medio del camino nos cruzamos, llenamos nuestro depósito y continuamos el camino hasta la gasolinera, queríamos descansar un rato. Curiosamente allí nos comunican que la frontera estaba ya cerrada (es Ramadán) y que la mejor forma de pasar la noche era precisamente allí, en la gasolinera. Alguno propone acercarse a la playa e intentar dormir allí, así lo hacemos y descubrimos Barbás, un típico pueblo pesquero marroquí y junto a Barbás un campamento de pescadores a los que les solicitamos acampar. Nuestra cena no era apropiada, así que ellos mismos deciden darnos de cenarun pescado exquisito. Samir y Tarik como estupendos maestros de ceremonias lo dirigen todo y hacen que la velada culmine de forma agradable.

Jornada en Dakhla

Llegamos a Dakhla y una de las primeras opciones que barajamos era hacer noche en el cámping Al Mussafir. No nos gustó mucho el aspecto, así que decidimos probar suerte en otro lado. Pronto encontramos nuestro lugar al encontrarnos con el cámping Surf ex Dax, un lugar de retiro para surfistas y kitesurfistas muy tranquilo. Samir nos recibe con agrado. decidimos hacer noche en una de las jaimas, pero después de volver de la ciudad descubrimos que la lluvia ha hecho acto de presencia en el cámping mojándolo todo, Safir dispone que pasemos la noche en uno de los chalets donde estaremos más resguardados de la humedad y el frío que ya impera dentro de la jaima en la que cenamos.

La mañana se despierta rara. El mal tiempo ha estado siguiéndonos durante toda la jornada y la mañana continúa igual. Nos damos un baño en el mar, la temperatura del agua es ideal para despertarnos, para nada el frío Atlántico que más de uno de nosotros conoce en otras latitudes españolas, portuguesas y francesas. Nuestro despertar es lento, señal de que el ramadán está haciendo estragos también en nosotros. Es curiosa esta festividad donde no podría describir con palabras la diferencia existente entre una calma desoladora durante gran parte del día y el enérgico bullicio que todo lo impregna hasta altas horas de la noche. Cuando uno llega a una ciudad ésta parece fantasma, no hay nada abierto, la gente dormita por las calles y el andar se hace todavía más pausado. La suciedad todo lo llena y a veces entran ganas de salir pitando de cualquier sitio. Son las 10 de la noche y todavía cuesta, los comerciantes comienzan a abrir sus tiendas a la vez que las primeras terrazas se empiezan a llenar: el Islam sale a la calle. En menos de media hora todo está abierto. Después de un día plomizo y lluvioso, aburrido como ningún otro volvemos al cámping, es nuestra última noche en Dakhla.

Cruzamos el Sáhara:

Cruzamos el Sáhara:
Después de una cena ligera en el bungalow, partimos temprano en dirección Boujdour. Nuestro objetivo es llegar a Dakhla hoy para lo cual nos preparamos para una durísima jornada de carretera. El paisaje no se parece en nada a lo que pensábamos que iba a ser un trayecto por el Sáhara sino es lo más parecido a lo que nos han contado del paisaje lunar. Si no fuera por los rebaños de camellos, que igual de parsimoniosos que las gentes del lugar cruzan la carretera diciéndonos quiénes mandan en este territorio inhóspito, nadie podría decir que es África. Y así se van sucediendo los kilómetros y nuestro río de asfalto. De repente la lluvia. Inesperada, cuestionada incluso hace su aparición. No sabemos qué decir pues no termionamos de creerlo, pero sí una lluvia fina que luego se convierte en intensa hasta el punto de casi tener que hacernos parar. Los acontecimientos se suceden e igual de inesperado que la lluvia resulta nuestro encuentro con un par de francesas que han sufrido un reventón. Las ayudamos amablemente e intercambiamos contactos pues tenemos previsto realizar la misma ruta y nos interesa poder coincidir en alguno de los puntos del camino. Resulta que no van de viaje, sino que han decidido vivir una temporada en Burkina Faso, cosa que ya habían hecho durante todo un año una vez anterior. En fin, cosas de la vida.
Proseguimos nuestro viaje hacia Dakhla con algún contratiempo con la autonomía de Kybuengo, llegamos en reserva a la siguiente gasolinera, no sabemos aún por qué motivo no decidimos todavía llenar las jerries. A 5 kilómetros de la gasolinera, justo después de subir un poco la carretera ésta acomete un giro a la derecha invitándonos acto seguido a divisar la espectacular laguna de Dakhla. La invitación es insuperable y tenemos ganas de llegar a Dakhla pues cada jornada supera con creces a la anterior, creednos. Así, a 20 kilómetros de Dakhla ya entramos en la lengua de tierra que parece llevarnos a los confines del Atlántico. No tenemos palabras…

Tan Tan

La noche anterior llegamos a Agadir bastante tarde.
Aunque la autopista hasta Agadir es perfecta, hemos rodado demasiado y llegamos realmente agotados, pero Agadir nos espera justo cuando la ciudad cobra más vida. Estamos en Ramadán y se nota. Es cierto que no estamos en el corazón de Marruecos y que además disfrutamos de la parte más turística de la ciudad, donde paseantes, turistas ocasionales y los que retornan religiosamente cada verano se entremezclan en el precioso paseo marítimo donde cenamos, pero ver cómo cualquier ciudad recobra la vida al atardecer supone todo un espectáculo. Una nueva sensación ver cómo las gentes asaltan las calles de forma completamente desorganizada, a nuestros ojos todo parece un caos circulatorio de coches, ciclomotores, bicicletas y personas, aunque sabemos que no es cierto y nos apetecería en todo momento preguntar hacia dónde se dirige cada uno.
La cena supone un lujo comparado con el objetivo de nuestro viaje y una señal de que todavía nos falta mucho para adaptarnos. Eso sí, es exquisita, compuesta por el clásico couscous de pollo y verduras y tajin de pescado y aunque la cerveza estropea el conjunto en el caso de habernos querido cosiderar puros, en ningún momento era nuestra intención. La comida se había elegido en la mesa y la bebida 100Kms atrás…

Hacemos noche en el sencillo hotel Petite Suede donde a la mañana siguiente después de desayunar nos preguntan por nuestro destino. Salimos en dirección sur, nuevamente: Tiznit, Bouizakarne, etc Nos para la policía dos veces hoy, la primera por saltarnos una línea continua y la segunda por saltarnos un Stop (culpa nostra). Kybuengo se rebela y conseguimos pagar sólo una de las dos multas (15€ en vez de 40€).
Llegada a las playas de Tan Tan, bajamos 20 kilómetros más para ver uno de los mejores atardeceres de nuestra vida, entre acantilados, mar agitada, dunas y flamencos. Kybuengo se viste para la foto y nos volvemos para Tan Tan, té a la menta, brochetas de camello y cordero y sardinas asadas. Hoy también estamos en la gloria aunque mañana será otro día.

L’ancien quatre quatre

La noche anterior llegamos a Agadir bastante tarde. Aunque la autopista hasta Agadir es perfecta, hemos rodado demasiado y llegamos realmente agotados, pero Agadir nos espera justo cuando la ciudad cobra más vida. Estamos en Ramadán y se nota. Es cierto que no estamos en el corazón de Marruecos y que además disfrutamos de la parte más turística de la ciudad, donde paseantes, turistas ocasionales y los que retornan religiosamente cada verano se entremezclan en el precioso paseo marítimo donde cenamos, pero ver cómo cualquier ciudad recobra la vida al atardecer supone todo un espectáculo. Una nueva sensación ver cómo las gentes asaltan las calles de forma completamente desorganizada, a nuestros ojos todo parece un caos circulatorio de coches, ciclomotores, bicicletas y personas, aunque sabemos que no es cierto y nos apetecería en todo momento preguntar hacia dónde se dirige cada uno.
La cena supone un lujo comparado con el objetivo de nuestro viaje y una señal de que todavía nos falta mucho para adaptarnos. Eso sí, es exquisita, compuesta por el clásico couscous de pollo y verduras y tajin de pescado y aunque la cerveza estropea el conjunto en el caso de habernos querido cosiderar puros, en ningún momento era nuestra intención. La comida se había elegido en la mesa y la bebida 100Kms atrás…

Hacemos noche en el sencillo hotel Petite Suede donde a la mañana siguiente después de desayunar nos preguntan por nuestro destino. Salimos en dirección sur, nuevamente: Tiznit, Bouizakarne, etc Nos para la policía dos veces hoy, la primera por saltarnos una línea continua y la segunda por saltarnos un Stop (culpa nostra). Kybuengo se rebela y conseguimos pagar sólo una de las dos multas (15€ en vez de 40€).
Llegada a las playas de Tan Tan, bajamos 20 kilómetros más para ver uno de los mejores atardeceres de nuestra vida, entre acantilados, mar agitada, dunas y flamencos. Kybuengo se viste para la foto y nos volvemos para Tan Tan. Para cenar té a la menta, brochetas de camello y cordero y sardinas asadas. Hoy también estamos en la gloria aunque mañana será otro día.

Pasamos la noche en el agradable albergue “Les Deux Chemeaux” Nos tratan muy bien ;)

Inshallah !!

Café, tomate y aceite y zurrapa de lomo. Es nuestro último desayuno en España. Despedimos a los cracks del turismo activo, la gente de AOS Adventure (Eva, Bruno y Jaime), gente amable a la que no le importa despertarse temprano para despedirnos y eso que no ha pasado ni un día y ya empezamos a oler mal…
Montamos en el ferry, últimas llamadas y mensajes. Pasamos el estrecho y así, entre Pata Negra, un poco de ACDC y la radio del lugar Kybuengo va devorando kilómetros y es que ya estamos en África. No acabamos de llegar y Jesule ya quiere quedarse aquí para siempre, de momento va a empezar por su barba. Dice no sé qué de dejársela sin bigote. No le hacemos mucho caso, ya se le pasará. Julio mietras tanto sigue preocupado por el consumo y todo comentario que hace sobre el coche lo hace con sus guantes de conducción puestos, lo que le imprime un carácter tan profesional y serio a la cosa que hace que todos estemos de acuerdo en todo, además es que no sabemos de mecánica. Jesulín no dice nada, no hace nada, no mueve nada. Algún día se manifestará o no, es pronto aún…

Precupados todavía por el consumo llegamos a Tánger, después del típico trámite burocrático de entrada al país enfilamos la carretera que baja hasta Agadir. La recién estrenada autopista desde Marrakech hasta Agadir nos ha motivado a tomar rumbo directamente al sur.
Una pequeña parada para reponer fuerzas y adaptarnos de lleno a la ausencia de prisa. “Prisa mata” para los que no saben todavía qué es lo que impera aquí, entre otras cosas.
Más de 600Kms de agotadora ruta, aunque afortunadamente somos 3 para repartirnos el esfuerzo, pero estamos deseando llegar. Por cierto, durante en trayecto hemos ido haciéndole modificaciones al coche hasta conseguir que el consumo se estabilice en unos 7,6l/100 Ya estamos tranquilos ;)
Bordeando el Atlas Agadir nos espera, queremos cenar pescado en el maravillo puerto.

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