La dura ruta a Senegal
Amaneciendo llenamos el depósito de gasolina y cruzamos por enésima vez Bamako y su infernal marché rumbo a Kayes.
Los 650km que separan estas dos ciudades hacen de esta jornada un maratoniano y por qué no decirlo aburrido viaje. Hay tramos de mal asfalto, pueblos de carretera sin ningún interés, solo nos detenemos a echar gasolina y de nuevo practicamos nuestro particular ramadán, es decir, nuestro menú se compone de una tortilla con cebolla y riesgo de salmonelosis como desayuno, una pastilla de Malarone para almorzar y litros de agua hasta la hora de cenar.
Como nota negativa el abuso en los precios que practican los alojamientos precarios de Kayes al ser conscientes de que es una de las ultimas opciones para pernoctar antes de llegar a la frontera con Senegal.
Nos ocurrió algo gracioso al parar en un descampado a hacer unas fotos, a nosotros que llevamos un mes bregando por aquí con todo tipo de personajillos nos llegó un supuesto guía turístico con su correspondiente carnet plastificado y que no daría el pego ni a un crío de seis años a informarnos que en África si haces una foto desde el coche no tienes que pagar pero si te paras y te bajas hay que pagar 1000 francos por las fotos. El estruendo de nuestras carcajadas fue tal que el individuo desistió con cara de sorpresa percatándose del poco negocio que iba a hacer con estos dos tubabus viajando en un 4L.
Al día siguiente de nuevo vemos amanecer en la carretera rumbo a Kirida, primera ciudad senegalesa en la frontera con Mali. Salir de Mali es coser y cantar, tenemos que decir que en general nuestra experiencia con la policía maliense ha sido de lo más positiva, nunca en estas dos semanas nos han pedido los pasaportes ni la documentación del vehículo, ni el seguro que además se nos olvidó hacerlo. Un simple saludo al gendarme de turno, que en la mayoría de las ocasiones ni se levantaba de su tumbona, al cruzar los controles bastaba para continuar la marcha.
Desde que decidimos pasar unos días en Senegal estábamos un poco preocupados por la cantidad de comentarios que oíamos/leíamos sobre la corrupción de su policía. Momento crítico es el paso por la aduana con un vehículo. Desde hace un tiempo y con la excusa de que no entren vehículos viejos en el país para ser vendidos se efectúan cobros abusivos por la expedición del pasavant, que es un documento oficialmente gratuito que te autoriza sólo a cruzar el país con un margen de pocos días y con la prohibición de ir a Dakar. El máximo exponente de esta práctica está en la frontera de Rosso, donde hemos oído que han pagado hasta 500€ por él.
Nosotros cruzamos la frontera por Kidira, tras un breve paso por la Gendarmería donde amablemente nos sellan la entrada en el pasaporte nos dirigimos a la aduana donde conseguimos nuestro passavant por cuatro euros y cinco días de duración tras negociar duramente porque comenzaron pidiéndonos diez por sólo dos días. Jesule esta negociación fue de las que a ti te gustan
El asfalto y la señalización vial que casi habíamos olvidado nos delató que estábamos en un país bastante mas desarrollado que los precedentes. A excepción del tramo entre Tambacounda y Kaolack que nos recordó a uno de los peores vividos hasta el momento que fue entre Kiffa y Tintane en Mauritania.
Un paisaje semiselvático que desemboca en un espectacular bosque de baobabs centenarios nos lleva a Mbour, ciudad costera a la que llegamos agotados al anochecer. El esfuerzo merecía la pena porque al día siguiente nos quitaríamos las legañas con agua de mar.
Por la noche sacamos fuerzas de flaqueza para cenar y tomar algo después de una relajante ducha con agua completamente marrón. Tras comer unas doradas a la plancha nos indican un local para beber una cerveza. Al aproximarnos al local conocimos a un desagradable policía que nos obligó a acompañarlo a comisaría al no tener los pasaportes encima ni la documentación de Kybuengo. De nuevo se cumple la ley de Murphy, el día que salgas sin documentación a pasear por una ciudad africana será cuando te la pidan. Una vez en comisaría y tras registrar minuciosamente el coche en busca de drogas, tuvimos que jurar que el Malarone no es ninguna droga de síntesis, permitieron que uno de nosotros vaya al hotel a por la documentación. El que se quedó en comisaría soportó las preguntitas en tono de falsas acusaciones del policía y sus secuaces, tales como, habéis venido a acostaros con nuestras mujeres, seguro que queréis vender el coche, que tienes en los bolsillos, tu no eres español, eres arabe! Donde tienes la marihuana? porque tienes rastas, etc, etc…
A los 20 minutos estábamos los dos con el jefe en un despacho enseñándole la documentación y negociando lo que ellos creían que debíamos pagar por no llevarla encima. Nos pidieron al final 50.000 francos CFA (unos 70€) pero utilizando la táctica antimultas, es decir, aparentar calma total+no tener ninguna prisa+poner a kybuengo como prueba de nuestro precario poder adquisitivo y todo ello aderezado con grandes dosis de “engordamiento del ego” del poli en cuestión, que si que grande y fuerte es señor agente, qué país mas bonito, qué gente más amable, qué joven parece usted y así hasta que le dimos tanta pena sobre todo por nuestro cutrefrances que nos dejó largarnos sin pagar nada. De nuevo justicia y suerte se aliaron y salimos airosos, no bajamos la guardia.
Tras el incidente no nos quedan ganas de nada, vamos a descansar…
One Response to “La dura ruta a Senegal”
Wilja on 08 Oct 2010 at 16:57 #
Me veo a la Jota satanás diciendo: se la chupo por 60.000 francos CFA y me llevo otros 20.000 en concepto de gastos honrosos.
Y a J animando, “venga que ya queda menos, Traga y piensa que con eso nos tomamos unas buenas birras. Hazlo por tu colega”