Senegal
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Senegal Fast Food – Amadou et Mariam feat Manu Chao
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Despertamos en Mbour y tras ir a hacer el seguro del coche (+/-12€ por 6 días) buscamos las prometidas playas que la noche anterior no pudimos ver. La decepción fue total al descubrir lo sucias que estaban al estar próximas al puerto pesquero.
Sin más dilación y tras “re-reparar” las suspensiones de Kybuengo nos dirigimos a Saly, nos han contado que allí si están esas playas que andamos buscando…
Saly es una sucesión de playas de arena y pequeños espigones de piedra, el agua es caliente y muy salada, solo existen hoteles-pulserita compartiendo la primera linea de playa con pequeñas villas y casas particulares que disfrutan en su mayoría jubilados franceses.
No hace falta ser Jon Sistiaga para descubrir tras tomar unas copas que este lugar es un referente de turismo sexual con clientes de ambos sexos.
Solo un día nos retuvo este cocktail que se llama Saly Portudal, como gato que huye del agua bien temprano partimos dejando atrás en los arcenes de la carretera una multitud de talleres de artesanía que se dedican a las esculturas metálicas.
De nuevo rumbo al norte y a pesar de la prohibición explícita de no visitar Dakar con un passavant de tránsito nosotros intentamos dar una vueltecita en busca de los patinadores que vuelan por la ciudad enganchados a todo tipo de vehículos. Los 35 Km de atasco a la entrada de la ciudad nos hacen desistir rápidamente y decidimos ya que estamos, visitar el Lago Rosa o Lac Rose como lo conocen por aquí. Es una especie de laguna de agua muy salada donde abundan puntos de extracción de sal de las múltiples salinas que existen. Es algo parecido al mar muerto pero en menor escala aunque con las mismas sensaciones de hiperflotabilidad. El color de su nombre se debe a que las luces del atardecer reflejadas en sus cristales de sal lo hacen brillar de esta forma.
Lamentablemente para nosotros y debido a las grandes lluvias que se han producido en la temporada húmeda de este año, el color no era rosa sino amarillo y la concentración de sal no era de 380g por litro como nos habían contado, no obstante la flotabilidad era destacable.
Nos cuentan las gentes de esta zona de Senegal el daño económico que ha supuesto que ya no exista el Rally París Dakar.
Ya de noche llegamos a Saint Louis o Saint Louis du Senegal como lo llaman los lugareños para diferenciarla del Saint Louis de los EEUU.
Situada en la desembocadura del rio Senegal que sirve de frontera física entre Senegal y Mauritania, Saint Louis rebosa un descuidado estilo colonial francés de principios del siglo pasado. La ciudad se construyó inicialmente sobre la isla de Ndar de mas de dos kilómetros de longitud en el delta del rio aunque con el tiempo se ha ido expandiendo ocupando una barrera de arena que existe frente a la ciudad que la protege de los azotes del atlántico y que servía como pista de aterrizaje de los aviones del servicio postal francés, es la llamada hidrobase. Unida a tierra firme por un expectacular puente de hierro en pleno proceso de rehabilitación la ciudad es patrimonio de la humanidad desde el año 2005.
St. Louis fundada en el año 1659 fue el primer asentamiento francés en África del oeste y en el año 1958 llegó a ser la capital del extenso territorio llamado l’Afrique Occidentale Française, status que perdió después a favor de lo que ahora es la capital de Senegal, Dakar.
El mejor escaparate para disfrutar de Saint Louis y las coloridas vestimentas de los senegaleses es sentarte en cualquier café como el del hotel La Poste y ver a la gente pasar, sus mercados de pescado de los mas bonitos y con ejemplares que a cualquier no vegetariano le harían salivar.
Esta ciudad dispone principalmente de dos opciones de alojamiento, la ciudad propiamente dicha y la hidrobase, donde comparten existencia los pescadores y un hotel tras otro en primera linea de playa. Nosotros, obviamente y después de estar casi casi un mes rodeaos de sabana y desierto, optamos por la opción playeo. Por menos de 30 € dispones de un bungalow en un hotel con piscina sobre la arena de la playa. De nuevo hemos agradecido la temporada baja, hueco en hoteles, no mucho turisteo de coronel tapiocca y precios mas asequibles. En contra hemos disfrutado de un clima mas inestable y la inestimable y siempre presente compañía de las legiones romanas de mosquitos Anopheles (tienen un nombre guapo pero creednos que son de lo mas hijoputas y cabrones que existen. Estamos en contra de la extinción de cualquier especie, salvo ésta).
Si eres capaz de sobrevivir con un par de litros de agua dulce para tus necesidades y una dieta basada en pescado al carbón puedes probar los hoteles del final de la hidrobase, uno de ellos que conocimos por casualidad es LE VIRAGE, un pequeño hotel de tres habitaciones (5€ la noche) con arena como suelo que ha construido Julien, un joven francés a base de imaginación y con la ayuda de neumáticos, maderas, cañas y bidones de plástico todo ello escupido por el mar.
Al caer la noche Saint Louis tiene banda sonora, es imposible no toparse con una improvisada actuación de grupos de percusionistas locales.