Archive for the 'Marruecos' Category

Todo lo que empieza acaba

Te sabrá mejor esta entrada si acompañas su lectura con este tema.

The end – The Doors

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Si es la primera vez que llegas a este blog, ya sea por casualidad, porque has sabido de nosotros a través de algún foro, porque te ha enviado el link algún colega o porque te ha devuelto aquí en todopoderoso “google” has de saber que el orden cronológico de las entradas es inverso a como aparecen aquí, como en todo blog por cierto, siendo ésta la última entrada de nuestra “aventura” y por tanto la última que deberías leer. Te aconsejamos que te pases por la sección “archivos” que encontrarás en el margen derecho de esta web y comienza a leer desde el mas antiguo.
Sí, ya sabemos que la mayoría de vosotros sabéis como funciona esto pero siempre puede haber algún despistadillo por ahí que comience a leer por aquí y es como si le contaran el final de una película antes de empezar a verla.

Si existe un final significa que existió un principio, éste fue un 1 de Septiembre.  Solo hay un momento que no se había imaginado en este viaje, nunca habíamos pensado en él, ni en los 4 meses de preparativos ni en los casi dos del mismo. El momento al que nos referimos es el consabido final.

A veces los finales se pueden entender como principios, eso depende de cada cual. En nuestro caso preferimos ver este final como principio de nuevos proyectos.

Mención especial al protagonista de este viaje, Kybuengo. Nada hubiera sido posible sin su paciencia con nosotros. Admirado dondequiera que fuera, especialmente en las fronteras y en los numerosos controles policiales y militares que por los que hemos pasado. Pretendido en infinidad de ocasiones, hemos oído la expresión -¿lo vendes? ¿cuanto?- en Bambara, Wolof, Moshi, Hasaniya, Español, Francés, Inglés y diferentes árabes. La respuesta mas efectiva que encontramos para quitarnos de encima a los posibles compradores era esta – sí, sí lo vendemos, 6000 € - y ahí se acababa la conversación.

Ha despertado en todos una simpatía y un sentimiento de nostalgia en los mas curtidos  que se ha convertido en el mejor aliado a la hora de cruzar pasos fronterizos. Cuando decíamos que – no teníamos dinero para pagar - Kybuengo, solo con su presencia, apuntalaba esta afirmación haciéndola totalmente creíble y así poco a poco nos iba abriendo camino.

Después de casi 12000 kilómetros sobre tierras africanas, comprobamos que la decisión inicial de elegir este coche fué la acertada, ni un solo problema mecánico de consideración. Somos conscientes de que la suerte ha estado de nuestro lado, como muestra valga decir que hemos hecho esos 12000 kilómetros por carreteras y pistas que solo los que han estado allí se hacen una idea de como son sin un solo pinchazo, pero la robustez,  la fiabilidad y el trato que le hemos dado a Kybuengo también ha tenido mucho que ver.

Las dos semanas que hemos tardado en atravesar Marruecos dirección norte ha sido un camino hacia el final que hemos utilizado para reflexionar, sin duda alguna este viaje nos ha “tocado”, en realidad todos los viajes te provocan ese sentimiento pero África marca y marca de una forma muy especial sobre todo si es la primera vez que vas …

Confirmamos y reafirmamos que El Sáhara no es Marruecos, le pese a quien le pese.

Si hay una frase en la que resumir lo que hemos visto en África es esta,  “África marcha sobre las cabezas de sus mujeres”. Han sido, son y serán el verdadero motor de esta parte del continente y por extensión creemos que del resto.

Muchos nos habéis preguntado algunas cosas o consejos sobre viajar a África os daríamos muchos, para eso creemos que lo mejor es acudir a algún foro pero si tuviéramos que dar uno, el único consejo que podemos daros es que África os pondrá a prueba, que fluyáis, que os relajéis, y que disfrutéis de este maravilloso continente. Ha sido realmente gratificante descubrir que muchos de los conceptos negativos que se tienen de África no son mas que tópicos obsoletos.

Si tenéis dudas concretas estaremos encantados de cambiaros la información que podamos por unas cervecitas, estamos dispersos por Huelva, Caceres y Madrid y podéis poneros en contacto con nosotros a través del este correo: las3jotasporafrica@gmail.com

No queremos despedirnos sin daros las gracias a todos los que habéis estado ahí, detrás de una pantalla leyéndonos, animándonos y dándonos ánimos durante nuestra aventura, de una u otra forma también habéis estado aquí…
Hasta pronto.

No man’s land

Nuevo día. Despertamos tarde en Barbás pues el día anterior habíamos decidido quedarnos un día más, pero el cambio de opinión es la tónica habitual y desmontamos la tienda para salir pitando a la frontera ya que cierran a las 3 (es Ramadán). Al llegar uno ya intenta anticiparse a lo que se le viene encima, en el fondo no es más que tiempo y un poco de desesperación por la lentitud con la que las autoridades marroquíes trabajan. Es una opinión personal, pero no se puede estar así a estas alturas de siglo, sobre todo no cuando en zona mauritana todo es mucho más ágil. La mañana va pasando: colas, discusiones, gente que constantemente se salta la cola y risas que se escuchan venir desde dentro de la oficina que nos hacen intuir que más de un dirham se está moviendo de mano en mano. Finalmente pasamos y se inicia otra de las aventuras que esperábamos en este viaje. Julio y Jesulín conocen a una persona que se dedica a comerciar con coches y se ofrece amablemente para guiarnos por No man’s land, un pedazo de tierra de una longitud de ubnos 4 kiloómetros que no pertenece a nadie y donde ver coches de primeras marcas abandonados es tan habitual como ver trapichear con ellos. Con no cierta dificultad cruzamos el páramo, dejando detrás a nuestro guía que tiene que dejar su Mercedes atascado por haber elegido el mal camino. Le deseamos suerte después de haber intentado con él sacar su coche y proseguimos hacia la frontera mauritana. Papeleos y más papeleos, Gente que nos pide dinero por arreglar nuestros papeles, pero finalmente no pagamos más que lo estipulado: 15€ en concepto de seguro y estamos en Mauritania. Nos dirigimos rápidamente hacia Nouadhibou donde encontramos fácilmente el cámping Chez Abba en el que pernoctamos después de una cena abundante que nos sienta de maravilla.

Jornada en Dakhla

Llegamos a Dakhla y una de las primeras opciones que barajamos era hacer noche en el cámping Al Mussafir. No nos gustó mucho el aspecto, así que decidimos probar suerte en otro lado. Pronto encontramos nuestro lugar al encontrarnos con el cámping Surf ex Dax, un lugar de retiro para surfistas y kitesurfistas muy tranquilo. Samir nos recibe con agrado. decidimos hacer noche en una de las jaimas, pero después de volver de la ciudad descubrimos que la lluvia ha hecho acto de presencia en el cámping mojándolo todo, Safir dispone que pasemos la noche en uno de los chalets donde estaremos más resguardados de la humedad y el frío que ya impera dentro de la jaima en la que cenamos.

La mañana se despierta rara. El mal tiempo ha estado siguiéndonos durante toda la jornada y la mañana continúa igual. Nos damos un baño en el mar, la temperatura del agua es ideal para despertarnos, para nada el frío Atlántico que más de uno de nosotros conoce en otras latitudes españolas, portuguesas y francesas. Nuestro despertar es lento, señal de que el ramadán está haciendo estragos también en nosotros. Es curiosa esta festividad donde no podría describir con palabras la diferencia existente entre una calma desoladora durante gran parte del día y el enérgico bullicio que todo lo impregna hasta altas horas de la noche. Cuando uno llega a una ciudad ésta parece fantasma, no hay nada abierto, la gente dormita por las calles y el andar se hace todavía más pausado. La suciedad todo lo llena y a veces entran ganas de salir pitando de cualquier sitio. Son las 10 de la noche y todavía cuesta, los comerciantes comienzan a abrir sus tiendas a la vez que las primeras terrazas se empiezan a llenar: el Islam sale a la calle. En menos de media hora todo está abierto. Después de un día plomizo y lluvioso, aburrido como ningún otro volvemos al cámping, es nuestra última noche en Dakhla.

Tan Tan

La noche anterior llegamos a Agadir bastante tarde.
Aunque la autopista hasta Agadir es perfecta, hemos rodado demasiado y llegamos realmente agotados, pero Agadir nos espera justo cuando la ciudad cobra más vida. Estamos en Ramadán y se nota. Es cierto que no estamos en el corazón de Marruecos y que además disfrutamos de la parte más turística de la ciudad, donde paseantes, turistas ocasionales y los que retornan religiosamente cada verano se entremezclan en el precioso paseo marítimo donde cenamos, pero ver cómo cualquier ciudad recobra la vida al atardecer supone todo un espectáculo. Una nueva sensación ver cómo las gentes asaltan las calles de forma completamente desorganizada, a nuestros ojos todo parece un caos circulatorio de coches, ciclomotores, bicicletas y personas, aunque sabemos que no es cierto y nos apetecería en todo momento preguntar hacia dónde se dirige cada uno.
La cena supone un lujo comparado con el objetivo de nuestro viaje y una señal de que todavía nos falta mucho para adaptarnos. Eso sí, es exquisita, compuesta por el clásico couscous de pollo y verduras y tajin de pescado y aunque la cerveza estropea el conjunto en el caso de habernos querido cosiderar puros, en ningún momento era nuestra intención. La comida se había elegido en la mesa y la bebida 100Kms atrás…

Hacemos noche en el sencillo hotel Petite Suede donde a la mañana siguiente después de desayunar nos preguntan por nuestro destino. Salimos en dirección sur, nuevamente: Tiznit, Bouizakarne, etc Nos para la policía dos veces hoy, la primera por saltarnos una línea continua y la segunda por saltarnos un Stop (culpa nostra). Kybuengo se rebela y conseguimos pagar sólo una de las dos multas (15€ en vez de 40€).
Llegada a las playas de Tan Tan, bajamos 20 kilómetros más para ver uno de los mejores atardeceres de nuestra vida, entre acantilados, mar agitada, dunas y flamencos. Kybuengo se viste para la foto y nos volvemos para Tan Tan, té a la menta, brochetas de camello y cordero y sardinas asadas. Hoy también estamos en la gloria aunque mañana será otro día.

L’ancien quatre quatre

La noche anterior llegamos a Agadir bastante tarde. Aunque la autopista hasta Agadir es perfecta, hemos rodado demasiado y llegamos realmente agotados, pero Agadir nos espera justo cuando la ciudad cobra más vida. Estamos en Ramadán y se nota. Es cierto que no estamos en el corazón de Marruecos y que además disfrutamos de la parte más turística de la ciudad, donde paseantes, turistas ocasionales y los que retornan religiosamente cada verano se entremezclan en el precioso paseo marítimo donde cenamos, pero ver cómo cualquier ciudad recobra la vida al atardecer supone todo un espectáculo. Una nueva sensación ver cómo las gentes asaltan las calles de forma completamente desorganizada, a nuestros ojos todo parece un caos circulatorio de coches, ciclomotores, bicicletas y personas, aunque sabemos que no es cierto y nos apetecería en todo momento preguntar hacia dónde se dirige cada uno.
La cena supone un lujo comparado con el objetivo de nuestro viaje y una señal de que todavía nos falta mucho para adaptarnos. Eso sí, es exquisita, compuesta por el clásico couscous de pollo y verduras y tajin de pescado y aunque la cerveza estropea el conjunto en el caso de habernos querido cosiderar puros, en ningún momento era nuestra intención. La comida se había elegido en la mesa y la bebida 100Kms atrás…

Hacemos noche en el sencillo hotel Petite Suede donde a la mañana siguiente después de desayunar nos preguntan por nuestro destino. Salimos en dirección sur, nuevamente: Tiznit, Bouizakarne, etc Nos para la policía dos veces hoy, la primera por saltarnos una línea continua y la segunda por saltarnos un Stop (culpa nostra). Kybuengo se rebela y conseguimos pagar sólo una de las dos multas (15€ en vez de 40€).
Llegada a las playas de Tan Tan, bajamos 20 kilómetros más para ver uno de los mejores atardeceres de nuestra vida, entre acantilados, mar agitada, dunas y flamencos. Kybuengo se viste para la foto y nos volvemos para Tan Tan. Para cenar té a la menta, brochetas de camello y cordero y sardinas asadas. Hoy también estamos en la gloria aunque mañana será otro día.

Pasamos la noche en el agradable albergue “Les Deux Chemeaux” Nos tratan muy bien ;)

Inshallah !!

Café, tomate y aceite y zurrapa de lomo. Es nuestro último desayuno en España. Despedimos a los cracks del turismo activo, la gente de AOS Adventure (Eva, Bruno y Jaime), gente amable a la que no le importa despertarse temprano para despedirnos y eso que no ha pasado ni un día y ya empezamos a oler mal…
Montamos en el ferry, últimas llamadas y mensajes. Pasamos el estrecho y así, entre Pata Negra, un poco de ACDC y la radio del lugar Kybuengo va devorando kilómetros y es que ya estamos en África. No acabamos de llegar y Jesule ya quiere quedarse aquí para siempre, de momento va a empezar por su barba. Dice no sé qué de dejársela sin bigote. No le hacemos mucho caso, ya se le pasará. Julio mietras tanto sigue preocupado por el consumo y todo comentario que hace sobre el coche lo hace con sus guantes de conducción puestos, lo que le imprime un carácter tan profesional y serio a la cosa que hace que todos estemos de acuerdo en todo, además es que no sabemos de mecánica. Jesulín no dice nada, no hace nada, no mueve nada. Algún día se manifestará o no, es pronto aún…

Precupados todavía por el consumo llegamos a Tánger, después del típico trámite burocrático de entrada al país enfilamos la carretera que baja hasta Agadir. La recién estrenada autopista desde Marrakech hasta Agadir nos ha motivado a tomar rumbo directamente al sur.
Una pequeña parada para reponer fuerzas y adaptarnos de lleno a la ausencia de prisa. “Prisa mata” para los que no saben todavía qué es lo que impera aquí, entre otras cosas.
Más de 600Kms de agotadora ruta, aunque afortunadamente somos 3 para repartirnos el esfuerzo, pero estamos deseando llegar. Por cierto, durante en trayecto hemos ido haciéndole modificaciones al coche hasta conseguir que el consumo se estabilice en unos 7,6l/100 Ya estamos tranquilos ;)
Bordeando el Atlas Agadir nos espera, queremos cenar pescado en el maravillo puerto.

Kandahar

En pleno desierto del Sahara, se  encuentra una zona que no pertenece a nadie o llamada también en inglés «No man’s land».  Es una zona desértica entre las fronteras de Mauritania y el Sahara Occidental anexionado por Marruecos.  A esta zona le llaman  Kandahar, que literalmente significa «tierra de nadie »

En realidad, sí es de alguien, es de los los saharauis. Pero nadie puede vivir ahí, no solo porque internacionalmente no pertenece a nadie, sino porque esta totalmente minado excepto algunos caminos que lo atraviesa y une las dos fronteras.  Esta zona es utilizada por el gobierno marroquí para deportar a Saharauis activos, les retiran el pasaporte marroquí y los abandonan a su suerte en esta zona.

Para llegar a Kandahar desde cualquiera de las fronteras de ambos países, hay que atravesar diferentes controles del ejercito, inmigración, aduanas, etc, etc después del último empieza un territorio minado. Por toda la ruta se ven pequeños montones de piedra que señalan minas que han sido detectadas. Esta es una zona utilizada por contrabandistas que trafican abiertamente con todo; coches, matriculas y todo tipo de productos con toda impunidad.

Se ofrecen multitud de falsos guías que te proponen por un módico precio ayudarte a cruzarla pero nosotros lo haremos yendo detrás uno de los múltiples camiones que atraviesan la frontera que trasportan pescado fresco desde el puerto de Nouadhibou hacia Marruecos. Aunque llevaremos también tracks GPS de gente que ya ha cruzado esta zona.

En el siguiente mapa interactivo podéis ver en detalle la zona.