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Bring me your cup – UB40

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Corría el año 2003 cuando escuché por primera vez el nombre de Ouagadougou. “Esto es impronunciable” fue mi primer pensamiento, pero ahora entiendo que el efecto ya estaba hecho. El nombre corresponde a la ciudad de origen de un profesor del Conservatorio de Chalon-sur-Saône, en la Borgoña. Ese año yo estaba en Francia, viviendo otra leyenda personal. Allí comencé también a comprender el efecto llamada que causaba África para los franceses, al principio lo tildaba de mero esnobismo, eso tan típicamente francés. Pero el tiempo es a los hechos como la planicie a la montaña y pone todas las cosas en su sitio y evidentemente el que estaba confundido era yo, como casi siempre.

Aún así, a partir de entonces, tanto el nombre como los pensamientos sobre qué era lo que les resultaba tan atractivo de África a los franceses se fueron depositando levemente en el rincón de los olvidos. Años de serena armonía, donde el riesgo y la aventura se entremezclan cómo sólo puede ocurrir en los países desarrollados: más viajes por Europa, aventuras de folleto, deportes de pseudoriesgo, en definitiva: alternativas de ocio todas de esas que llenan y mucho, pero de las que te hacen pedir algo más. Y, siempre con cautela, puedo decir que creo que ese “algo más” ha llegado por fin.

Y así es, el destino es tan caprichoso que aquí me hallo, combinando una nueva leyenda personal con viejos recuerdos que llegan del pasado. Qué es lo que ha motivado ahora todo este cambio poco importa, permitidme resumirlo todo en una bellísima historia de caminos, cruces de caminos de esos que tanto nos sacarán de quicio allá abajo y que sólo la paciencia y el destino se encargarán de colocarnos a todos en nuestro nuevo camino. Y pienso… pienso en allá abajo como podría pensar en el lejano Jardín de las Hespérides, pienso siempre en qué es lo que me espera más allá de mi mundo conocido y más allá de mi propia imaginación. Y así, igual que caminos, se cruzan en mi mente relatos, comentarios, recomendaciones, consejos, historias propias y ajenas, vivencias todas que alimentan aún más esta leyenda personal.

Quiero vivir esa experiencia, he decidido acudir a la llamada, recogiendo el testigo que tan valientemente se me ofreció hace más de 5 meses. Confiaron en mí para ser la tercera J y sólo quiero corresponder como todo en este viaje se merece. Pero hoy quiero brindar sólo con dos copas…

À l’amitié, toujours!!