Llegamos a Dakhla y una de las primeras opciones que barajamos era hacer noche en el cámping Al Mussafir. No nos gustó mucho el aspecto, así que decidimos probar suerte en otro lado. Pronto encontramos nuestro lugar al encontrarnos con el cámping Surf ex Dax, un lugar de retiro para surfistas y kitesurfistas muy tranquilo. Samir nos recibe con agrado. decidimos hacer noche en una de las jaimas, pero después de volver de la ciudad descubrimos que la lluvia ha hecho acto de presencia en el cámping mojándolo todo, Safir dispone que pasemos la noche en uno de los chalets donde estaremos más resguardados de la humedad y el frío que ya impera dentro de la jaima en la que cenamos.

La mañana se despierta rara. El mal tiempo ha estado siguiéndonos durante toda la jornada y la mañana continúa igual. Nos damos un baño en el mar, la temperatura del agua es ideal para despertarnos, para nada el frío Atlántico que más de uno de nosotros conoce en otras latitudes españolas, portuguesas y francesas. Nuestro despertar es lento, señal de que el ramadán está haciendo estragos también en nosotros. Es curiosa esta festividad donde no podría describir con palabras la diferencia existente entre una calma desoladora durante gran parte del día y el enérgico bullicio que todo lo impregna hasta altas horas de la noche. Cuando uno llega a una ciudad ésta parece fantasma, no hay nada abierto, la gente dormita por las calles y el andar se hace todavía más pausado. La suciedad todo lo llena y a veces entran ganas de salir pitando de cualquier sitio. Son las 10 de la noche y todavía cuesta, los comerciantes comienzan a abrir sus tiendas a la vez que las primeras terrazas se empiezan a llenar: el Islam sale a la calle. En menos de media hora todo está abierto. Después de un día plomizo y lluvioso, aburrido como ningún otro volvemos al cámping, es nuestra última noche en Dakhla.